domingo, 31 de enero de 2010

Agujeros...

En el lugar donde el mal se esconde, donde la vida no existe, donde no se encuentra misericordia. En aquel agujero donde se climatiza la peor intensidad del ser, donde la densidad de la gracia se convierte en oscuridad y el reactiva hacia su peor característica, el mundo forma parte de cada alma que se desvanece, cada una de ellas que crea el ambiente más pesado, cada cual crea la fusión entre lo irreconocible e irreal, la insana mentalidad humana, la locura de los desertores, aquellos que creyeron en la ubicación de lo que puede ser la salvación y los otros que creyeron en la manzana de la discordia.

Podríamos intentar entender las acciones que nos hacen ser lo que somos, pero si al final no podemos entendernos siquiera a nosotros mismos, creo que jamás podremos entender al resto.

viernes, 29 de enero de 2010

El Ventrílocuo

-¿Qué opinas Ralph?, ¿crees que debemos hacer llorar a este gordo hijo de puta?-. Preguntó Paul a su muñeco.

-Creo que más bien deberíamos darle una lección sobre aprender a respetar a los otros niños Paul-. Contestó el muñeco.

En el sótano de Paul (un enfermo mental que cree que su muñeco contesta y tiene vida propia), se encuentran aquellos niños que carecen de empatía hacia los más tímidos, trauma que viene desde la niñez de Paul y somatizó en su único juguete ya que su familia era muy pobre. Decide castigar a todos y cada uno de aquellos niños que destruyeron su infancia, aquellos que se burlaron de su ropa, aquellos que se burlaron de su estado económico, aquellos que se burlaron de todo lo que él no podía tener y los demás sí. Entre su lista de venganza se encontraba Willy, un niño gordo, malcriado de cabello liso oscuro, cachetes grandes, burlón y engreído, Paul lo observó maltratando a un niño en una ocasión que hizo un espectáculo para su escuela con su amigo Ralph.
Willy estaba atado a una silla, con la boca sellada y desesperado por la falta de movimiento, desesperado por el exceso de silencio, el hambre y sed que lo torturaban.

-¿Quieres qué te diga que es lo que más detesto de los niños como tú?-. Comentó Paul a su víctima.
-¡Jamás me dejaron jugar con ustedes cuando de verdad necesitaba un amigo!, mi mamá estaba muriendo de cáncer y no teníamos dinero para pagar siquiera un maldito tratamiento, ¿crees que a pesar de que mis compañeros me observaban llorando se molestaron en preguntarme si necesitaba hablar?-

Susurrando al oído del niño:

-¿Crees que alguien se preocupó por mi padre cuando ya no tenía más dinero para pagar las consultas de mamá?, ¿crees que su maldito jefe se preocupó en darle otra oportunidad en vez de botarlo del trabajo?. Estoy seguro que eso no lo sabes, ¿verdad?, no sabes lo que es el dolor ajeno porque la basura inconsciente que tienes por familia jamás se preocupó en explicarte eso-.
Mientras algunas lágrimas salía, Paul rasgaba sus dientes de lado a lado, sintiendo impotencia. Willy comenzó a llorar, desesperado mientras murmuraba que quería a su madre.

-Quémale la boca a este sucio cerdo, detesto cuando estos asquerosos niños lloran-. Dijo Ralph (el muñeco) a Paul.

Paul tomó un cuchillo y lo calentó. Luego que el cuchillo tomó suficiente calor, tanto como para llegar al punto de ponerse rojo, quitó el pañuelo de la boca del niño y lentamente cortó sus labios, arrancándolos con sus propias manos desde la mitad hasta el final.

-¿Vas a seguir gritando hijo de perra?-. Preguntó Paul con una mirada oscura y llena de odio.

Del niño corrían infinitas lágrimas de dolor, con poca fuerza dijo:

-No-.

Paul arrancó las orejas del niño con sus propios dientes, el niño gritaba fuertemente esperando a que un milagro lo salvara pero era inútil.
Finalmente derramó un frasco de ácido sulfúrico en su cabeza, bañándolo hasta los pies para que así Paul y Ralph se rieran a carcajadas.

Cuando Willy finalmente murió, Paul se le acercó al oído y le dijo:

-Exactamente lo que tu sentiste ahorita, yo lo siento día a día en el alma.

El Baile de los Ángeles.


Caminaba entre sus cadáveres...pálidos, secos, ensangrentados, mutilados, cadáveres de ángeles que caían del cielo, ángeles que se destrozaban al caer, sus alas caían y sus plumas se veían suspendidas en el aire, un aire contaminado, un ambiente húmedo y con neblina, lloviznaba sangre, el cielo era rojo y lo único en que podía estar concentrado era en la música de la iglesia. Una melodía triste y densa, tocada en piano; una iglesia con vitrales rotos, una ciudad muerta, hogares donde la madera recubría las puertas de la entrada de cada una de ellas. Sólo podía cerrar los ojos, sólo podía sentarme en aquellos charcos de sangre, restos despedazados del cuerpo humano.

Flotaban los sesos en el suelo, hacía frío y la canción no me permitía pensar en más nada que fuese la masacre de el mundo que Dios alguna vez creó. Mi boca estaba cosida, no podía hablar, no podía gritar, no podía quejarme ni llorar ni reír, simplemente debía presenciar todo en silencio, mi propio silencio, lo que alguna vez me atormentó y hasta el día de hoy continúa haciendo. Me coloqué en posición fetal, miré el suelo por un largo rato y decidí acostarme.
Aún recuerdo cuando entraba la sangre en mis oídos, eran ríos de ella. Murmuraba las risas, murmuraba los llantos, hacía figuras de ángeles en la sangre derramada como si hubiese sido nieve, derramé suficientes lágrimas.

Volteé y vi que un ángel me observaba, tirado en el suelo, bañado en agua roja, desalmado, con el corazón inmóvil, con el rostro descuartizado completamente...sólo me observaba.

Gabriel Aa.

miércoles, 27 de enero de 2010

Apacible, condenado a la soledad.

Apacibles somos aquellos condenados a la soledad, soledad de la vida, el alma y espíritu. Todo aquello que se mantiene uniforme, incoloro, desigual y ante una desorientación que traga y mastica cada una de las partes de tu cuerpo. Basado en la personificación de las cosas que nos molestan, las cosas simples que nos hacen vivir, las cosas tristes que nos hacen reír, nos vemos apacibles, nos vemos tranquilos, nos vemos pacíficos y trastornados. Trastornados por la mentalidad que diferencia todo aquello que nos enseña a amar y odiar, trastornados por todo aquello que nos repugna y adoramos, trastornados por todo aquello que tomamos y decidimos dejar, cada decisión es inteligente siempre y cuando sepamos de que tratan, no importan los colores, no importan las implantaciones, ¿a quién le importa el mudo cuando el sordo no escucha?.

Mientras más complicados suelen ser, más sencillos son de detestar.

Gabriel Aa.

lunes, 25 de enero de 2010

Teoría de la mentira sobre la creación del ser humano.


Hacia el punto mas insano se dirigían las palabras. Los puntos de conferencia, los puntos de diferencia, los puntos de inferencia, decadencia y benevolencia. Se basaban en lo cabizbajo, desde la depresión hasta los puntos mas oscuros del ser humano, todo aquello que produce asco, la multitud, la igualdad, la falta de fraternidad y abundancia de hipocresía. Se basaban en todo aquello que hace vomitar, lo que pone al olvido la potencia de continuar pero si alimentarse de la perdida mayor, alimentarse de las habilidades hasta dejar un profundo hueco o vacío intenso, un punto negro, un punto de oscuridad, un punto de objetos distintos volteados una y otra vez ante la imperfección de cualquier otra cosa que pueda parecer coherente, donde la lógica difiere de la brutalidad hasta desvanecerse en el punto más crítico del dióxido de carbono que escupimos a medida que continuamos hablando...
Al final, nadie entiende nada.

Gabriel Aa.

Aplausos Para los Afortunados.

Observaba cuidadosamente los pasos de las personas, lentos y angustiados, personas vacías y desalmadas, personas oscuras, llenas de sentimientos negativos, personas sin esperanza ni fé alguna por la vida, la misericordia, la felicidad. Tantas veces presencié en la tierra la figura de todo aquello que era bueno y que podía desaparecer en cuestión de segundos, jamás había sentido el vacío de todo mal que puede consumirte...jamás había sentido la sensación de sonreír porque no tienes absolutamente nada de qué reír, la sensación de reír porque ya no tienes lágrimas qué derramar.
Gente al desnudo, desnutrida, consumida en su propia miseria, sin angustias, risas, dolor, empatía alguna. En el limbo de una u otra forma eres la minúscula e insignificante gota de energía que provee a sus habitantes la sed de sentirse vivo, hasta que finalmente no tienes más que una muerte en vida.
Y fue allí, donde antes de morir, sonreí. ¿Por qué?, porque ya no tienes más motivos para llorar.

Gabriel Aa.

viernes, 1 de enero de 2010

Prospecto hacia mejores vidas: El Confesionario

-Posamos una y otra vez, esperando siquiera al menos la aprobación de unos tantos, unos pocos, unos cuantos que puedan ver más allá de la promiscuidad que nos conlleva a fracasar bajo nuestras propias circunstancias, amanecemos mejor cuando así lo necesitamos y justo cuando debemos decaer nuevamente ni siquiera nos molestamos en pensar en cómo será el día siguiente. Dígame usted Padre, ¿debemos ser pacíficos y civilizados?, ¿debemos obviar los peores resultados y sentarnos mientras cruzamos nuestros brazos?...¿no es así como comienzan las guerras, falsas hipótesis sobre criminales e incluso la putrefacta espera a que algún Dios nos perdone por nuestra presunta y orgullosa ignorancia?. Podría demandarme o si así lo desea reclutarme hacia las tropas del infierno, lamentablemente entiendo que su situación no sea la más adecuada y mucho menos fácil como para dominarme- Comentó Richard al Padre que aún con algo de vida se estaba desangrando en su confesionario luego de haber sido degollado.

-Debería ahora rezar un "Padre Nuestro", recuerdo que desde niño me decía que lo hiciera luego de confesarle todos mis pecados.

Luego de aquellas palabras, Richard tan sólo sonríe y se arrodilla a rezar.

Gabriel Aa.

La Colonia de Hades.

Allí, donde se encontraban miles de cadáveres en el suelo, donde la sangre se escurría a medida que las cabezas rodaban, donde no solo las masacres predominaban sino también la oscuridad del ser humano en su totalidad, fue allí donde al presenciar tanto asco interno por la raza humana y observar simplemente la decadencia del ser supremo ante los ojos de la sociedad Pol tomó una pala y cavó el agujero para el cuerpo sin alma de su propia euforia, descendió al nivel más profundo del mismísimo infierno y bajo abundantes gotas de lluvia ácida tomó su mejor decisión.

-¿Seguirás ciego ante la profundidad que esconde la humildad del intruso?, ¿Podrás soportar los insultos de los más educados y civilizados?, ¿Personificarás la inutilidad de un futuro sin futuro donde aquello que haces llamar vida no es más que el fin de los tiempos?. Comerás insectos y vivirás de los arrepentimientos y misericordias esperando a que un Dios te perdone...perteneces aquí, perteneces a La Colonia de Hades, no eres más que una marioneta manipulada por las manos de alguien que aún no has visto. El suicidio no es la solución y la maldad no tiene cura Pol.- Dijo su alter-ego mientras su odio y furia lo rodeaban en un aura negra.

Sus desesperanzas lo hundían cada vez más en su propio hueco sin fondo, un estado mental donde la depresión lo carcomía y lentamente su alma se despedazaba ante la oscuridad que tanto temía.

-Se que la maldad no tiene cura, se que soy una marioneta que depende de un hilo llamado destino, se que muy pocas veces he hecho bien y del resto una ansiedad sin saciar me consume como el fuego a un cigarrillo, se que de una u otra forma estaré aquí y arderé en las llamas del infierno, pero sólo quiero ser juzgado por alguien que quizás no exista, jamás he sonreído y quiero hacerlo cuando contemple el paraíso siquiera desde las puertas de San Pedro.

Gabriel Aa.

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