
Caminaba entre sus cadáveres...pálidos, secos, ensangrentados, mutilados, cadáveres de ángeles que caían del cielo, ángeles que se destrozaban al caer, sus alas caían y sus plumas se veían suspendidas en el aire, un aire contaminado, un ambiente húmedo y con neblina, lloviznaba sangre, el cielo era rojo y lo único en que podía estar concentrado era en la música de la iglesia. Una melodía triste y densa, tocada en piano; una iglesia con vitrales rotos, una ciudad muerta, hogares donde la madera recubría las puertas de la entrada de cada una de ellas. Sólo podía cerrar los ojos, sólo podía sentarme en aquellos charcos de sangre, restos despedazados del cuerpo humano.
Flotaban los sesos en el suelo, hacía frío y la canción no me permitía pensar en más nada que fuese la masacre de el mundo que Dios alguna vez creó. Mi boca estaba cosida, no podía hablar, no podía gritar, no podía quejarme ni llorar ni reír, simplemente debía presenciar todo en silencio, mi propio silencio, lo que alguna vez me atormentó y hasta el día de hoy continúa haciendo. Me coloqué en posición fetal, miré el suelo por un largo rato y decidí acostarme.
Aún recuerdo cuando entraba la sangre en mis oídos, eran ríos de ella. Murmuraba las risas, murmuraba los llantos, hacía figuras de ángeles en la sangre derramada como si hubiese sido nieve, derramé suficientes lágrimas.
Volteé y vi que un ángel me observaba, tirado en el suelo, bañado en agua roja, desalmado, con el corazón inmóvil, con el rostro descuartizado completamente...sólo me observaba.
Gabriel Aa.
Gabriel Aa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario