viernes, 29 de enero de 2010

El Ventrílocuo

-¿Qué opinas Ralph?, ¿crees que debemos hacer llorar a este gordo hijo de puta?-. Preguntó Paul a su muñeco.

-Creo que más bien deberíamos darle una lección sobre aprender a respetar a los otros niños Paul-. Contestó el muñeco.

En el sótano de Paul (un enfermo mental que cree que su muñeco contesta y tiene vida propia), se encuentran aquellos niños que carecen de empatía hacia los más tímidos, trauma que viene desde la niñez de Paul y somatizó en su único juguete ya que su familia era muy pobre. Decide castigar a todos y cada uno de aquellos niños que destruyeron su infancia, aquellos que se burlaron de su ropa, aquellos que se burlaron de su estado económico, aquellos que se burlaron de todo lo que él no podía tener y los demás sí. Entre su lista de venganza se encontraba Willy, un niño gordo, malcriado de cabello liso oscuro, cachetes grandes, burlón y engreído, Paul lo observó maltratando a un niño en una ocasión que hizo un espectáculo para su escuela con su amigo Ralph.
Willy estaba atado a una silla, con la boca sellada y desesperado por la falta de movimiento, desesperado por el exceso de silencio, el hambre y sed que lo torturaban.

-¿Quieres qué te diga que es lo que más detesto de los niños como tú?-. Comentó Paul a su víctima.
-¡Jamás me dejaron jugar con ustedes cuando de verdad necesitaba un amigo!, mi mamá estaba muriendo de cáncer y no teníamos dinero para pagar siquiera un maldito tratamiento, ¿crees que a pesar de que mis compañeros me observaban llorando se molestaron en preguntarme si necesitaba hablar?-

Susurrando al oído del niño:

-¿Crees que alguien se preocupó por mi padre cuando ya no tenía más dinero para pagar las consultas de mamá?, ¿crees que su maldito jefe se preocupó en darle otra oportunidad en vez de botarlo del trabajo?. Estoy seguro que eso no lo sabes, ¿verdad?, no sabes lo que es el dolor ajeno porque la basura inconsciente que tienes por familia jamás se preocupó en explicarte eso-.
Mientras algunas lágrimas salía, Paul rasgaba sus dientes de lado a lado, sintiendo impotencia. Willy comenzó a llorar, desesperado mientras murmuraba que quería a su madre.

-Quémale la boca a este sucio cerdo, detesto cuando estos asquerosos niños lloran-. Dijo Ralph (el muñeco) a Paul.

Paul tomó un cuchillo y lo calentó. Luego que el cuchillo tomó suficiente calor, tanto como para llegar al punto de ponerse rojo, quitó el pañuelo de la boca del niño y lentamente cortó sus labios, arrancándolos con sus propias manos desde la mitad hasta el final.

-¿Vas a seguir gritando hijo de perra?-. Preguntó Paul con una mirada oscura y llena de odio.

Del niño corrían infinitas lágrimas de dolor, con poca fuerza dijo:

-No-.

Paul arrancó las orejas del niño con sus propios dientes, el niño gritaba fuertemente esperando a que un milagro lo salvara pero era inútil.
Finalmente derramó un frasco de ácido sulfúrico en su cabeza, bañándolo hasta los pies para que así Paul y Ralph se rieran a carcajadas.

Cuando Willy finalmente murió, Paul se le acercó al oído y le dijo:

-Exactamente lo que tu sentiste ahorita, yo lo siento día a día en el alma.

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