viernes, 1 de enero de 2010

La Colonia de Hades.

Allí, donde se encontraban miles de cadáveres en el suelo, donde la sangre se escurría a medida que las cabezas rodaban, donde no solo las masacres predominaban sino también la oscuridad del ser humano en su totalidad, fue allí donde al presenciar tanto asco interno por la raza humana y observar simplemente la decadencia del ser supremo ante los ojos de la sociedad Pol tomó una pala y cavó el agujero para el cuerpo sin alma de su propia euforia, descendió al nivel más profundo del mismísimo infierno y bajo abundantes gotas de lluvia ácida tomó su mejor decisión.

-¿Seguirás ciego ante la profundidad que esconde la humildad del intruso?, ¿Podrás soportar los insultos de los más educados y civilizados?, ¿Personificarás la inutilidad de un futuro sin futuro donde aquello que haces llamar vida no es más que el fin de los tiempos?. Comerás insectos y vivirás de los arrepentimientos y misericordias esperando a que un Dios te perdone...perteneces aquí, perteneces a La Colonia de Hades, no eres más que una marioneta manipulada por las manos de alguien que aún no has visto. El suicidio no es la solución y la maldad no tiene cura Pol.- Dijo su alter-ego mientras su odio y furia lo rodeaban en un aura negra.

Sus desesperanzas lo hundían cada vez más en su propio hueco sin fondo, un estado mental donde la depresión lo carcomía y lentamente su alma se despedazaba ante la oscuridad que tanto temía.

-Se que la maldad no tiene cura, se que soy una marioneta que depende de un hilo llamado destino, se que muy pocas veces he hecho bien y del resto una ansiedad sin saciar me consume como el fuego a un cigarrillo, se que de una u otra forma estaré aquí y arderé en las llamas del infierno, pero sólo quiero ser juzgado por alguien que quizás no exista, jamás he sonreído y quiero hacerlo cuando contemple el paraíso siquiera desde las puertas de San Pedro.

Gabriel Aa.

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