
Allí donde está la oscuridad, allí es donde me encuentro. Camino y no observo a ningún lado, tan solo veo vagas imágenes de luces incandescentes que se pierden en el fondo negro que rodea la habitación.
Empiezo a ver todo de una forma lenta y depresiva, en la oscuridad no pensamos mucho por el miedo a ser atrapados por algo, tan sólo me siento en un rincón, puedo ver mis zapatos, sucios, desteñidos, rotos, desde mi habitación a la que sigue por medio de un pasillo, hay una ventana que permite la entrada a la claridad de la luna.
Me da miedo avanzar, el terror se personifica en todo lo que no es visible para mi persona, el silencio se convierte en el ruido más agudo y yo sólo continúo sentado. Podría arrastrarme con los ojos cerrados hasta esa luz tan provocativa, me arriesgaría demasiado.
Al pasar hacia el otro cuarto pueden agarrarme, aquellas sombras, aquellos seres que no reconozco, todos aquellos que se ocultan en los espacios más simples de ambas habitaciones. No hay puertas, no puedo salir, sólo son 2 cuartos sin salida con una constante oscuridad.
Desde la pared donde estaba recostado, salió una malformación negra que se parecía a un ser humano, tenía el rostro volteado completamente, los ojos más abajo de la nariz, los dientes deformados:
-Tienes que ir hacia la ventana...es la única salida.- Me dijo.
No lo pensé 2 veces, me levanté con algo de miedo y cerrando los ojos decidí caminar hasta la ventana.
Intentaba agarrarme de las paredes para saber hacia donde me dirigía pero habían sombras que me rasguñaban y se reían de mi, por un momento el silencio que era tan incómodo desapareció y se convirtió en risas de voces no humanas. El miedo me consumía pero debía correr, eso hice.
Cuando llegué a la ventana, me asomé y lo único que pude ver más oscuridad, no tenía ningún sentido, ¿dónde estaba la luz tan placentera que iluminaba la habitación?, subí la mirada y parecía un bombillo en el medio del fondo del océano en plena noche. No me atreví a pasar hacia el otro lado de la ventana.
Salió nuevamente de la pared esa extraña cosa que me encontré al otro extremo del cuarto y me dijo:
-Rápido, tienes que ir hacia el otro extremo del cuarto.- Me miró y sonrió.
-Vengo de allá, ¿para qué quiero ir de nuevo hacia el otro extremo?.
-Porque no tienes ningún otro remedio.-Contestó.
El bombillo se apagó, sólo cerré los ojos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario