Caminaba bajo la lluvia tan sólo para pensar, aliviaba sus pensamientos y calmaba su atormentante cerebro por cierto tiempo.
Sostenía bajo su camisa una botella de Tequila José Cuervo Dorada. Se tambaleaba de lado a lado. La completa oscuridad de la noche no le permitía ver nada pero por medio de sus instintos sabía por donde tenía que ir. Tan sólo quería marcharse.
No pasaba ningún automóvil y ciertamente tampoco le importaba lo suficiente si alguno lo arroyaba en el medio de la calle. Se sentía ligero, por momentos paciente y breves minutos miraba hacia el suelo y observaba cuando las gotas de lluvia rebotaban contra el suelo. Comenzó a escuchar algunas voces, sabía que en algún momento comenzaría su locura pero jamás prestó tanta atención a ello ya que no lo veía venir tan pronto.
Bebía un poco de Tequila y se mantenía andando para tal vez llegar algún día a el fin del mundo. Un auto llegó y se acercó hacia el.
-Hey amigo, ¿necesitas que te lleve a algún lado?.
Lo observó tan simplemente como un hombre amable, preocupado y un poco solitario que se dirigía a un hogar que únicamente él ocupaba. A medida que el carro avanzaba lentamente, el caminante sonreía mientras escupía algunas gotas de lluvia y contestó:
-¡No gracias!, seguiré caminando, no puedo desaprovechar esta lluvia ya que no sé cuando volverá por mí.
-¿Hacia dónde te diriges?.
El caminante agachó la mirada y con una placentera sonrisa mientras seguía andando contestó:
-Voy al fin del mundo.
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