domingo, 12 de abril de 2009

La Madre Hispanoamericana


La Madre Hispanoamericana.

-¡Que belleza de niño!, tenías que verlo. Esos grandes ojos azules mostraban a través de ellos el color del cielo totalmente despejado, sus manitos eran una hermosas, gorditas y gruesas como los de un bebé recién nacido. ¡Su cabello simplemente tan amarillo como el sol y su piel tan clara como la nieve!, Dios mío de verdad es una belleza de niño, simplemente no pude contenerme a acercarme para agarrar esos gruesos cachetes y luego meterlo en una bolsa de basura en la parte trasera de mi automóvil. Podía escucharlo gritar desde la maleta mientras salíamos del parque, ¡no aguantaba las ganas de llevármelo a mi casa!. Una vez que llegamos tomé un paño bañado en alcohol y lo puse en su nariz al abrir la maleta y sacarlo de la bolsa para que así se desmayara, lo llevé hasta el cuarto de mi amado José…¡ay Señor! ¿Por qué te llevaste a mi hijo? (suplicaba con plegarias mientras observaba el techo). Lo amarré contra la cama y tomé un cuchillo para cortar sus pequeños parpados, sabían igual a los de mi difunto hijito…simplemente quise hacer las cosas diferentes esta vez y perforé su diminuto cráneo con un taladro para así poder sentir como salpicaba su sangre en mi rostro. ¿Por qué padre? ¿por qué dejaste que hiciera esto?, no pude resistir y nuevamente despedazando pedazo a pedazo su pequeña barriguita con el cuchillo de carne lo fui masticando poco a poco hasta que finalmente destrocé sus ojos insertando mis pulgares en ellos. Me daba dolor hacerlo nuevamente pero es un hambre insaciable.

La expresión de los detectives fue casi irrelevante, simplemente no bastaban palabras. La madre, tapaba su boca mientras sus lagrimas se derramaban sobre la mesa, el cuarto se tornaba un poco mas tenso de lo normal.
La señora sonríe.



Gabriel Abdel.

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