En los diferentes puntos de ansiedad y agonía se encontraba. Observaba su pálido y degradante rostro frente al espejo del baño, sus ojeras definían de forma incomprensible las tantas horas de descanso de las que su cuerpo carecía.
Parecía casi perfecto el momento para su persona en describir cada uno de sus demonios internos, quería hablar pero no le bastaba con entender el alrededor. Quería botar cada una de las cosas que lo estaban acosando.
Llevaba un tiempo enfermo, sabía que no había una verdadera cura para su enfermedad más que el empeoramiento hasta finalmente conseguir la muerte. Comprendía perfectamente que ya no había nada que pudiese alejarlo o salvarlo de su destino. Pacientemente, escuchaba su ipod.
En él, una canción que alguna vez le fue dedicada, “Little Motel” de Modest Mouse. Fumaba un cigarrillo para matar sus ansias, por momentos reía y en otros pocos derramaba algunas lágrimas preguntándose a sí mismo si había hecho lo correcto.
Bajaba con su dedo índice el párpado inferior de su ojo izquierdo y observaba con el otro las marcas rojas que sus vasos derramaban.
Ojos rojos observaba y roja sangre botaba su nariz. Las gotas caían bajo un liviano silencio que abrazaba las cuatro paredes del baño donde estaba.
Por medianos momentos, volteaba la mirada nuevamente y cantaba ante su único público, haciéndose su presencia placentera y única.
Sonreía y comentaba hacia él mismo que su dentadura era perfecta exceptuando el amarillo que comenzaba y se perdía en alguna parte de sus dientes. Su cabello, desgarrado, sucio y despeinado. Su principiante barba que tantas veces le gustaba y otras tantas detestaba.
Introdujo su rostro en unos pocos litros de agua que contuvo en el lavamanos y soltaba su agonía por medio de gritos que jamás nadie escucharía.
Se hicieron las 3 de la mañana y en la inmensa oscuridad de su habitación miró el techo por ratos y largos minutos. El sueño no llegó y la cura a su vida tampoco.
Sabía que estaba muerto pero por horas seguiría con vida. En cualquier momento su reloj marcaría la hora “0” y escucharía muy en el fondo de su cabeza las últimas lágrimas de sus familiares y amigos que chocarían fuertemente contra el suelo al caer.
Esa noche rezó. Sostuvo con su mano derecha el reloj que daría su partida y con la otra mano su ipod mientras escuchaba aquella canción que tanto le gustaba.
-Cantaba:
“....Cause that´s what I´m waiting for,
that´s what I´m waiting for,
that´s what I´m waiting for, aren´t I?...
....Cause that´s what I´m waiting for,
that´s what I´m waiting for,
that´s what I´m waiting for, darling...”.
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1 comentario:
Ya recordé:
“Haz como el sol que nace cada día sin pensar en la noche que pasó.“
Always loving you.
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