sábado, 1 de agosto de 2009

Bajo la extravagante lluvia ácida.

No bastaba con observar la inaccesible cantidad de metaforma acuática que descendía con algo de rudeza del cielo, cada gota chocaba intangiblemente contra el suelo y se podía escuchar la personificación de la ciudad en distintos puntos. Por alguna razón, bajó una extraña nube eléctrica del cielo, contemplaba vagamente dentro de un estado intercerebral un defecto que provenía de raíz.

-¿Puedes ver?- Preguntó a mi persona una malicia casi perfecta de pacifismo que esconde el caos.

-Se me dificulta un poco, tal vez son los efectos de una sustancia psicotrópica que quema cada una de las células de mis hemisferios...sí, puedo ver.- Contesté.

Me hubiese gustado reír en vez de llorar, pero oculte la minuciosa verdad humana en el parpadeo de la juventud.


Gabriel Aa.

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