
Bueno, este es un pequeño cuento que escribi para probarle a mi novia que puedo hacer algo lo suficientemente bizarro sin tapear ninguna groseria en el, espero que las personas que lo lean lo disfruten:
Candivis de Nueva Zelanda.
Una tarde de verano, me dirigía fielmente con mi carroza a entregar unos documentos en fiscalía. Basta decir que la lluvia reinaba inconsolablemente sobre cada diminuta porción de la ciudad, por un momento logre darme cuenta de un acontecimiento poco común…era Carolina, su ternura cruzaba los ámbitos de la atmosfera en general, su cabello rojizo con ondas, era incluso como ver a Rapuncel tan solo que Carolina es pelirroja. Ese bellísimo atuendo despertaba en mi un deseo casi eterno. ¡Su blusa rosada y falda larga despertaban mi protuberancia!...tal como mover de lado a lado “¡La Bestia del Lago Ness!”. Caminaba lentamente por las desoladas calles de Nueva Zelanda, ¡No pude resistirme!.
¡El tiempo pasa con muchísima lentitud cuando se está enamorado!.
-¡Me inclino ante su misericordia y belleza que día a día brinda consigo al resto de la comunidad!- Comente yo con una dulzura y cierta voz de enamoramiento ante mi fanática amada.
-Muchísimas gracias Miguelito, ¿Debo preguntar cual es su destino a ver si podría darme un aventón?- Su dulce voz preguntó a mi subconsciente…
-Es bienvenida ahora y siempre.- Tome su mano y la subí a mi carroza.
¡Por supuesto que no me aguante, “Pequeño Horacio” controló mi mente por un momento mientras se sacudía de lado a lado entre mi ropa interior!. ¡No bastó con dos puñetazos en su boquilla para callarla de una buena vez!, destrocé su blusa insanamente con mordiscos mientras la sangre de su nariz de derramaba en mis orejas…¡Oh Gran Señor que se encuentra en los mayores pisos de lo que yo llamo Paraíso!, sus senos son como una obra de Picazo mezclado con el grandioso Mozart, una divinidad al deslizar mi lengua entre ellas dos junto con la sangre que derramaba desde su interior.
¡Observar su rostro sin sensibilidad alguna ya que los puñetazos la dejaron inconciente aumenta mi libido poco a poco!, ¡Divino!...llego finalmente a la muchedumbre de su aparato reproductor solo para devorar ese suculento banquete.
¡Por un momento me hice la imagen de ser el Conde Drácula ya que su período se encontraba presente!, Despilfarré cada agujero hasta llegar a su interior, ¡Grandísimo Padre!, ¡su cavidad anal expulsaba un tierno olor a cerezas y podía sentir como al introducir al “Pequeño Horacio” se desprendían cada uno de sus ligamentos anales hasta destrozar sus nervios y mantener su cavidad infundibuliforme!.
Un río de sangre y flujos sexuales se expandían en la carroza…solo para darme cuenta que su corazón ya no latía, lagrimas del “Pequeño Oracio” caían en su rostro ensangrentado, y finalmente la descuarticé en pequeños trozos para mi corcel…
¡Simplemente un día normal para un ser normal en la antigua Nueva Zelanda!
Gabriel Abdel.

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