sábado, 18 de julio de 2009

Al final del laberinto

Muchas veces me gusta cerrar los ojos e imaginarme que estoy acostado en la arena, tan solo escuchando el sonido del mar y sintiendo como moléculas de agua chocan contra el lado derecho de mi cuerpo una vez que las olas rompen contra la orilla...sin más que decir quisiera despedirme. Abro los ojos nuevamente y recuerdo una vez más como me hundo lentamente en las profundidades de un mar negro... es una sensación casi infinita, al subir la mirada tan sólo hay una claridad que se incrusta en mi córnea y continúo descendiendo. Un día lluvioso me ayuda a pensar, a sentirme bien en diferentes ocasiones, mejor incluso que cualquier otra cosa.

Gabriel Aa.

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